martes, 29 de diciembre de 2009

Sumaba Diecinueve


Y justo en ese momento me sentí como si tuviera cinco años de nuevo, igual de frágil, igual de retraída y casi tan inocente como pienso que lo era. No eran más de tres personas frente a mi, sin embargo era un número suficiente para que me nacieran unas ganas enormes de salir corriendo, y aunque quisiera soltar una palabra, la voz no me lo permitía y mis movimientos se volvían cada vez más condicionados por el nerviosismo.

Cuando por fin liberé un poco de ese miedo que me abordaba, las únicas palabras que logré articular fueron: No se preocupen.

No preocuparse no era la solución obviamente, pero mi timidad no atinó a realizar nada más y lo único que quedó por hacer fue dar una vuelta torpe, los caminos siempre saben amargos pero son realmente sabrosos por aquella reflexión obligada que nos hacen realizar. Ahora no tenía cinco años, tenía 17 años y la torpeza social que me caracterizaba a esa edad, era frustrante saber que aquellos miedos que hace unos años pesaban fuerte en el alma, aun se encuentran vigentes luego de treinta años de vida, había caído en la torpeza máxima de que se habían esfumado y de que ahora, era una adulta invencible, indolente e independiente.

Esos pequeños minutos contigo y con ellos me demostró lo contrario. Como me hubiera gustado susurrarte al oido un poco de lo que sentía en el momento aunque eso hubiera significado morirme ahí mismo.



Respira. Se me olvida como es y he tratado de condicionar esa función hasta ahora.
No juegues aun, todavía soy demasiado cobarde.
Vete pero no me dejes, se que es hora de que no refleje nostalgias sino expectativas, pero la niñez siempre se me ha hecho mucho más fácil ; Siendo lo único que me queda, pedirte romper juntos este sueño de cristal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario